Entradas

3. Cosas de lectores

Imagen
Los libros ya me habían atrapado. Las revistas y los cuentos seguían siendo parte de mis lecturas, pero los libros eran los amos y señores. Desde entonces, casi siempre me acompaña uno a todas partes, pues en esta ciudad moverse de un lugar a otro casi siempre toma mucho tiempo. Leo cuando voy de pasajero en un coche o en el transporte público. No recuerdo la cantidad de veces que me dijeron que así solo dañaría mi vista, pero, como tantas cosas, era solo una leyenda urbana… Ni se me iba a desprender la retina ni nada por el estilo. A lo más, un poco de cansancio si había mucho movimiento, pero nada permanente. Aprendí a caminar leyendo, fijándome en los hoyos, raíces y al cruzar las calles. A lo más, tuve algunos encuentros con ramas bajas, ventanas abiertas o personas que se acercaban caminando muy rápido. Ni qué decir que formarme en cualquier fila era una oportunidad para acumular tiempo de lectura. Mucho más adelante, cuando empecé a conducir, solía llevar un libro en el coche p...

2. Al fin llegan los libros

Imagen
  En la primaria Ya hablé en otras publicaciones sobre cómo fui formándome como lector, del entorno que me rodeaba cuando era niño y de mi manera particular de adentrarme en la lectura. Conté cómo pasé de las frases cortas que aparecían bajo cada imagen de las revistas para colorear a leer publicaciones infantiles, tales como los cuentos de Archi, El Pájaro Loco y otras más. Posteriormente, gracias a las enciclopedias, comencé a leer cuentos cortos, disfrutando de los relatos de los hermanos Grimm, las fábulas de Esopo y los relatos de Andersen. Los cuentos de  El soldadito de plomo ,  Hansel y Gretel ,  Los músicos de Bremen ,  Rip Van Winkle  o las versiones resumidas de  Robin Hood  o  Ali Babá y los 40 ladrones  ya habían comenzado a acompañarme. Sin embargo, los libros que había en casa seguían pareciéndome enormes y… aburridos. Con el tiempo, comenzaron a comprarnos algunos cuentos cortos o revistas, de esas que aparecían de vez en...