3. Cosas de lectores
Los libros ya me habían atrapado. Las revistas y los cuentos seguían siendo parte de mis lecturas, pero los libros eran los amos y señores. Desde entonces, casi siempre me acompaña uno a todas partes, pues en esta ciudad moverse de un lugar a otro casi siempre toma mucho tiempo. Leo cuando voy de pasajero en un coche o en el transporte público. No recuerdo la cantidad de veces que me dijeron que así solo dañaría mi vista, pero, como tantas cosas, era solo una leyenda urbana… Ni se me iba a desprender la retina ni nada por el estilo. A lo más, un poco de cansancio si había mucho movimiento, pero nada permanente. Aprendí a caminar leyendo, fijándome en los hoyos, raíces y al cruzar las calles. A lo más, tuve algunos encuentros con ramas bajas, ventanas abiertas o personas que se acercaban caminando muy rápido. Ni qué decir que formarme en cualquier fila era una oportunidad para acumular tiempo de lectura. Mucho más adelante, cuando empecé a conducir, solía llevar un libro en el coche p...